
Una solución intermedia en la reintegración cromática de lagunas, que, según cómo se articule, puede cubrir todo el espectro de posibilidades existentes entre el ajuste ilusionista y los procedimientos más arqueológicos, consiste en la adaptación de motivos o tramas diferenciadoras, especialmente constituidas a base de puntos o rayas. Mediante este tipo de técnicas es posible conseguir cierta vibración en las actuaciones cromáticas llevadas a cabo sobre la laguna pictórica, de manera que se hace patente, así, el criterio de discernibilidad entre original y nueva adición.
La técnica del rayado, conocida más comúnmente como tratteggio, fue ideada y desarrollada a mediados del pasado siglo por Paolo y Laura Mora en el ICR bajo la dirección de Cesare Brandi. Consiste en la yuxtaposición de largas líneas verticales de color puro que se distribuyen en la laguna según el análisis y división de los colores de la pintura original que la circundan. La tonalidad obtenida por el artista de la obra con la mezcla de sus colores en la paleta es conseguida por el restaurador examinando y descomponiendo sus valores y distribuyéndolos de nuevo, con el rayado, sobre el estuco, para que el espectador vuelva a organizarlos y componerlos en su retina.
Aunque pueda resultar una maliciosa apreciación personal, no escapa a nadie la bien conocida rivalidad existente entre romanos y florentinos, de modo que no sería del todo descabellado pensar que las prácticas de los Mora en Roma no podían aplicarse tal cual, sin filtros, en los talleres de restauración florentinos. Dejando de lado polémicas, tal vez infundadas, el caso es que Umberto Baldini y Ornella Casazza aportaron nuevos recursos a la técnica del rayado (de hecho, han sido los métodos florentinos, y no los romanos, los que más han calado en nuestro país) como son la abstracción cromática y la selección de color.
En ocasiones, cuando nos encontramos ante una pérdida de grandes dimensiones o resulta imposible restituir la lectura de la imagen pictórica sin arriesgarnos a cometer un falso histórico, debemos resignarnos a mantener la laguna como parte inseparable de la obra en su estado actual. Este tipo de problemáticas a las que se le podrían aplicar soluciones como la técnica del soporte visto o de la tinta neutra, encuentran en la abstracción cromática una alternativa más ejercitada. Mediante un rayado abstracto y uniforme de amarillo, rojo, azul o verde y negro, esta técnica permite el tratamiento del espacio perdido para conseguir una intensidad neutra que conviva con coherencia en el conjunto de la obra en la que se inscribe.
Por su parte, la selección de color o adecuación cromática, con la que pueden obtenerse aproximaciones bastante ajustadas, consiste en la yuxtaposición de rallas de colores puros, no necesariamente primarios, que se sobreponen en parte para conseguir una vibración que se integra considerablemente con su entorno. La diferenciación de la trama resultante, es decir, el grosor de la línea y su interconexión con el resto del rayado, dependerá en gran medida de parámetros como el tamaño de la obra y la extensión de la laguna, aunque también, y a pesar de que no sea políticamente correcto incluir estas variantes, del tiempo del que el restaurador disponga para acometer la reintegración o del lugar de ubicación de la obra con respecto a la proximidad o lejanía del espectador.
El desarrollo técnico de estos medios y la búsqueda de nuevas soluciones han propiciado la aparición de una amplia gama de procedimientos derivados de los anteriores. Así, podemos hablar de diferentes tipos de tratteggio (modulado, entrecruzado…); de la técnica del puntillismo, que partiendo de una selección de color sustituye el tramado de rayas por el de puntos; o de la selección efecto oro, que no es otra cosa que una solución derivada de la abstracción cromática y que se aplica a la restitución de superficies doradas.
La técnica del rayado, conocida más comúnmente como tratteggio, fue ideada y desarrollada a mediados del pasado siglo por Paolo y Laura Mora en el ICR bajo la dirección de Cesare Brandi. Consiste en la yuxtaposición de largas líneas verticales de color puro que se distribuyen en la laguna según el análisis y división de los colores de la pintura original que la circundan. La tonalidad obtenida por el artista de la obra con la mezcla de sus colores en la paleta es conseguida por el restaurador examinando y descomponiendo sus valores y distribuyéndolos de nuevo, con el rayado, sobre el estuco, para que el espectador vuelva a organizarlos y componerlos en su retina.
Aunque pueda resultar una maliciosa apreciación personal, no escapa a nadie la bien conocida rivalidad existente entre romanos y florentinos, de modo que no sería del todo descabellado pensar que las prácticas de los Mora en Roma no podían aplicarse tal cual, sin filtros, en los talleres de restauración florentinos. Dejando de lado polémicas, tal vez infundadas, el caso es que Umberto Baldini y Ornella Casazza aportaron nuevos recursos a la técnica del rayado (de hecho, han sido los métodos florentinos, y no los romanos, los que más han calado en nuestro país) como son la abstracción cromática y la selección de color.
En ocasiones, cuando nos encontramos ante una pérdida de grandes dimensiones o resulta imposible restituir la lectura de la imagen pictórica sin arriesgarnos a cometer un falso histórico, debemos resignarnos a mantener la laguna como parte inseparable de la obra en su estado actual. Este tipo de problemáticas a las que se le podrían aplicar soluciones como la técnica del soporte visto o de la tinta neutra, encuentran en la abstracción cromática una alternativa más ejercitada. Mediante un rayado abstracto y uniforme de amarillo, rojo, azul o verde y negro, esta técnica permite el tratamiento del espacio perdido para conseguir una intensidad neutra que conviva con coherencia en el conjunto de la obra en la que se inscribe.
Por su parte, la selección de color o adecuación cromática, con la que pueden obtenerse aproximaciones bastante ajustadas, consiste en la yuxtaposición de rallas de colores puros, no necesariamente primarios, que se sobreponen en parte para conseguir una vibración que se integra considerablemente con su entorno. La diferenciación de la trama resultante, es decir, el grosor de la línea y su interconexión con el resto del rayado, dependerá en gran medida de parámetros como el tamaño de la obra y la extensión de la laguna, aunque también, y a pesar de que no sea políticamente correcto incluir estas variantes, del tiempo del que el restaurador disponga para acometer la reintegración o del lugar de ubicación de la obra con respecto a la proximidad o lejanía del espectador.
El desarrollo técnico de estos medios y la búsqueda de nuevas soluciones han propiciado la aparición de una amplia gama de procedimientos derivados de los anteriores. Así, podemos hablar de diferentes tipos de tratteggio (modulado, entrecruzado…); de la técnica del puntillismo, que partiendo de una selección de color sustituye el tramado de rayas por el de puntos; o de la selección efecto oro, que no es otra cosa que una solución derivada de la abstracción cromática y que se aplica a la restitución de superficies doradas.
T.C.
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