domingo, 21 de noviembre de 2010

LA "MUJER EN AZUL" DE PICASSO DEJARÁ DE SER VERDE


Nuestra Señora de Argeme (Coria), la Virgen de la Cabeza (Andújar), la Virgen de la Candelaria (Tenerife), la Virgen de la Encina (Ponferrada) y la Virgen de Montserrat (Montserrat), entre otras muchas, son algunas de las llamadas “vírgenes negras” que se veneran en nuestro país, cuyo color era el que se utilizaba simbólicamente para representar a la primitiva Diosa-Tierra que, una vez fecundada, sería fuente de toda vida.

Desconozco si alguna de ellas responde a esta tonalidad desde su ejecución, es decir, si su policromía fue de color oscuro desde un principio –habría de analizarlas una por una–. Lo que sí es cierto, y esto no se le escapa a nadie –y menos a cualquier restaurador que haya trabajado mínimamente con este tipo de piezas– que el aspecto que presenta la superficie de muchas de estas obras es fruto de la superposición de infinidad de estratos. Resulta frecuente encontrar determinados casos –y esto es sabido con la observación de una simple estratigrafía– en los que de una carnación inicial de color claro se ha pasado asombrosamente a una de color oscuro.

Pero, ¿cuál es el motivo real de esta vigorosa proliferación de las vírgenes negras? La explicación resulta bastante sencilla. O bien, con el paso del tiempo, se ha cubierto la superficie original con una significativa capa de suciedad de carácter graso, o bien el responsable de actualizarla, esto es, el encargado de volver a policromarla, ha tomado como referencia esa capa oscura de suciedad para hacerlo.

No resulta estrictamente análogo, pero salvando las distancias, esta introducción acerca de las “vírgenes negras” es bastante ilustrativa en el momento de comentar el caso del estado de conservación de la “Mujer en azul” de Picasso que pronto recuperará sus peculiaridades iniciales gracias a su restauración. O había que hacer esto o, como decía algún visitante del Reina Sofía, se le cambiaba el nombre debido a la actual tonalidad verdosa de su aspecto actual.

La “Mujer en azul” de color verde del pintor malagueño no responde a otra causa que a la significativa oxidación del barniz que cubre la superficie de la obra y que, con su amarilleamiento, ha transformado en verdoso –azul+amarillo=verde– el azul original.

T.C.

1 comentario:

Violeta Ruskin dijo...

Al menos la de Montserrat no empezó siendo negra.
http://elpais.com/diario/2001/04/26/catalunya/988247261_850215.html